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jueves, 9 de septiembre de 2010

En la lucha de un productor del campo

A quienes por vocación, tradición ó las circunstancias los han llevado a ser productor agropecuario, saben que aun teniendo la experticia y el conocimiento formal, producir a niveles intensivos, es decir de manera competitiva dentro de los estándares locales ó internacionales para cada cultivo, requiere del manejo de factores predecibles inherentes al cultivo y a la zona, así también variables como el clima, las plagas y enfermedades que hacen de este oficio una de las empresas más riesgosas, ya que en muchos casos la perdida de una cosecha implica la pérdida de los ahorros de años, solo recuperable muchas cosechas después. A esto se suma la inseguridad, el mal estado de las vías de penetración, la disponibilidad se insumos, los costos afectados por la inflación y las regulaciones de precios de manera inconsulta y sin sentido común.

A pesar de todo esto todavía existían héroes, que persistían e invertían en el campo venezolano, mas con fe que con la certeza, de que alguien en el gobierno entendería lo vital que es producir e implementaría programas para enderezar las cosas. Pero no, el hecho de alguien produzca, que se pueda tener independencia económica, que el productor decida como manejar su negocio, que venda al precio del mercado y sea dueño de la tierra. Choca con las ideas de dominación de la población, del aparato productivo y por supuesto con la existencia de la propiedad privada.

Franklin Brito se arriesgo en el campo y logro ser un productor exitoso, pero el clima político le cambio, cuando contradijo al alcalde de su zona miembro de la tribu roja, cobrándole al tiempo la intervención de sus tierras, persistió, se opuso a los designios del poder y este al verse descubierto trato de compensarlo -Comprarlo-. Pero ya la plaga estaba en sus tierras, ya no era dueño, el Inti no le devolvió nuca la titularidad, se resteo con lo único que tenía su fe, su vida y la moral de tener la razón, pero para quienes dicen ser muchos pero con una sola voz, era más fácil, dejar que pasara a que se supiera todo, pero todo se sabe, y lo saben los productores y campesinos, aun en los últimos momentos, cuando su huelga le ocasiono una enfermedad irreversible, no perdió la fe de que el líder ordenara devolverle las tierras, devolverle la vida, sembró la semilla de la fe en tierras áridas de razón y compasión, pero quedo claro, que en la lucha de un productor del campo, los engaños cambian de forma, pero el que engaña desde hace mucho es el mismo.

domingo, 1 de agosto de 2010

En su piel

El lugar estaba colmado de detalles de lujo, pisos de mármol gris claro, en combinación de tonos ocres en las paredes, todo el personal recibía a sus clientes con una sonrisa, una bata beige de toalla esponjosa y unas sandalias de goma - de esas que te masajean mientras caminas - . Todos son llevados a un vestidor donde dejan sus ropas en un armario, para luego ser conducidos a una sala de espera. La música de cuerdas evidentemente oriental, hacia juego con el sillón de bambú, la mesita acolchada para descansar los pies, las pinturas a tinta, las plantas, el color terracota y las velas que aromatizaban el sitio eran toda una escena, no faltaba un té, una manzanilla o una bebida de clorofila, así como también un relajante soporte de cuello con arena caliente, forrado en seda, para liberar la tensiones de último minuto.

Allí estaba ella, pequeña de piel bronceada, ojos almendrados, de contextura firme y sonrisa brillante. Al pasar a la sala de masajes la penumbra se acentuaba y el sonido del mar era el marco ideal para abstraerse del mundo, ya en la camilla especialmente diseñada, la desnudez total solo la cubría una delgada sabana, por la que con seguridad se podía deslizar una visión de volúmenes y formas de un cuerpo boca abajo. Un paño caliente permitía a las fomenteras aumentar el calor por todo el eje de la columna, para luego permitir que piedras de obsidiana focalizaran su calor en los puntos más sensibles, preparando el cuerpo para el contacto piel con piel.

Aceite aromatizado era el catalizador, los nudillos presionaban la planta del pie desde el talón hasta los dedos, para luego asir el empeine y cada dedo con las dos manos. Subir a la pantorrilla haciendo una línea que la divide con los dos pulgares varias veces, era solo el anticipo de que la fuerza y delicadeza de ambas manos recorrerían espalda, hombros, cuello y brazos disipando las contracturas, el estrés y alineando la energía, para liberar un estado de relajación y satisfacción, que llega al clímax con los dedos moviéndose circularmente en el cuero cabelludo.

Si, Dulce era su nombre, como dulce fue su voz cuando me despertó, de mi sueño, de mi letargo inducido por ella, fue en mi sueño cuando en vez de ella en mí, era yo en ella, era yo recorriendo su cuerpo, regalándome el placer de dar placer.

Pero desperté, y pregunto ¿Todo bien señor?, y sonreí, todo perfecto ¿y usted?, Sonrió y me despidió diciendo todo muy bien.

Dicen que uno aprende al poder calzar los zapatos de los demás, en lo particular pienso que es una forma de entender lo que vive cada ser con el que interactuamos, pero no solo debe ser en los momentos difíciles y problemáticos, también en los momentos de felicidad y placer, en la medida que lo intentemos, sentiremos un poco mas de cómo sería vivir lo que vive otro, en su piel.