Ellos son comunes, flores silvestres que crecen a orillas de la indiferencia, son números que no se cuentan en el mega plan vacacional de un ministro mediático, ellos, que se transparentan antes los ojos de un país "Cheverito" no saben de guerra económica, de aumentos, inflación, no saben del Medio Oriente, ni saben lo que es ser rescatados. Son hijos de la intrascendencia internacional, cerca de ellos no caen misiles, sus padres no nacieron odiando y siendo odiados, no entienden que la pobreza es una bomba que te mata lentamente y que la falta de educación no te destroza una pierna, pero discapacita la mente y los sueños.
Nadie en el gobierno, hace una gira por las carreteras del país, buscando a estos niños, nadie los ve en los semáforos, los buscan al otro lado del mundo, para servir como muletas políticas, como instrumento de ataque a una realidad ajena, mientras nuestros niños quedan huérfanos, por una guerra de armados, contra desarmados, de trabajadores contra delincuentes, ellos no son huérfanos que le importen a una ideología, no fueron bombardeados por los amigos del imperio, no merecen ser rescatados, son más valiosos si crecen manidos, rotos, con poco para comparar, son un daño colateral de un "proceso" que habla de un golpe suave, a un país que vive una guerra civil fría, a ritmo de los caídos que contabilizan la desesperanza de un país, una fría guerra civil, cuyo campo de refugiados huele a desplazados silentes, que dejan atrás sus raíces por seguridad.
¿Acaso seré un desalmado, porque me duelan más los niños de aquí, que los miles que traerán de Palestina? ¿O quizás la única forma de recuperar el alma perdida de tanto destrozar tu país, es comprando una que se vea, ante los ojos de quienes no conocen la verdad? El tiempo y la gente, lo dirá.