miércoles, 12 de septiembre de 2012

Misión imposible




Lo primero que viene a la mente cuando se lee misión imposible es la saga del mismo nombre que lleva al cine las aventuras de Ethan Hunt, un joven espía de alto performance, protagonizado por Tom Cruise, que muy a pesar del lo difícil de la situación y en contra de todo pronóstico, con planificación de cada detalle, el uso de los recursos, audacia y la voluntad de cumplir con la responsabilidad asignada, logra el éxito por encima de todos los obstáculos.
Pero no todas las misiones llegan en helicóptero al gran cañón en forma de lentes con audífonos, algunas instrucciones acá en el trópico pueden llegar desprevenidamente en un papelito, mientras se lee el oráculo del guerrero en una hamaca, colgada en cualquier parte del llano venezolano, por ejemplo: Su misión, si usted decide aceptarla, es dar un golpe de estado con sus compañeros de armas, si fracasa no nos haremos responsables, pero seguiremos brindándole la logística necesaria. Claro está, el entrenamiento de este personaje, no fue en una granja  de Virginia, sino en la cantina de una academia y como suele suceder en la realidad latina, el carácter fallo y la cárcel era el resultado esperado, anuqué esta, es ideal para otro tipo de entrenamiento y otra asignación con el mismo objetivo: Su misión si decide aceptarla, es ser presidente, para lo cual recibirá entrenamiento en ocultar intenciones, parecer inofensivo y sobretodo no revelar la relación con quien envía este mensaje, para poder conseguir lo que no se logro - En aquel por ahora -.
La misión fue un éxito, la improvisación y el engaño fueron muy importantes para alcanzar el poder, pero a diferencia de otras operaciones, en esta no hay plan de salida, la apuesta es permanecer para siempre, solo que con astucia, canciones y cuentos, no se gobierna, por más dinero y asesoramiento que se reciba a diario. Las mentiras se agotan, las promesas se destiñen, los hilos que manejan el dinero y el poder, ya son cadenas gigantescas visibles hasta por quienes no quieren ver, el reciclaje de ministros solo produce un sabor a guiso, a mordida, a ¿Cuánto hay para eso? a ineficacia, a no me importa eso no es conmigo. Es como si la desidia y el todo sale mal, se instalara en el disco duro de los protagonistas, al punto de convencerse de que nada se puede, que el hacer algo es imposible, que el cumplir no forma parte de la realidad, al punto de creer que con solo pensar se materializaran las cosas por más absurdas que sean.
La misión es imposible, hacer, convencer, mantener la red de mentiras y complicidades, todo es válido en una misión inmoral, hay que tratar de comprar a quien se deje, vivir en la fantasía de que la tendencia de una verdad abrumadora que recorre el país, va a cambiar, que las encuestas favorables son ciertas, que es imposible hacer lo que no se ha hecho y promete hacer el adversario, que es imposible perder con catorce años de fracasos a cuestas, misión que se le acabaron las mascaras, las ideas, la juventud, que se le caen casas, puentes, una misión cuyo protagonista demostró con sus ausencias que es  prescindible, porque después de todo el no es Ethan, ni gobernar es una película donde el show debe continuar, el tiempo se acabo.
La misión imposible termino, vienen realidades, hay un camino lleno de esperanzas, en la Venezuela de lo posible.